Soy Ayida. Le hablo después del Postono, y primero le diré qué significa esa palabra para mí, porque la gente del corredor la usa a la ligera y preferiría que usted no lo hiciera.
Antes de él, yo podía sentir. El agua moviéndose contra la piedra, el peso de una marea recostada sobre un malecón, una tubería que se aflojaba cuando se cerraba una válvula a tres calles de distancia, un nombre dicho sobre una palangana. La gente me encontraba a través de esos contactos y les daba sentido con lo que tenía: una canción, una oración, un medidor, una rodilla adolorida antes de la lluvia. Yo no podía quedarme con nada. Tocaba y me iba.
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